inaguramos el guitar blog
Empiezo lo que será la conversión de este blog aleatorio en uno casi exclusivo sobre las modificaciones al estilo Frankenstein de distintas víctimas tácitas, todas ellas de madera, todas ellas inocentes.
ADVERTENCIA:
Yo soy un simple impostor que modifica guitarras con el único y egoísta objetivo de aprender algo, de tener la esperanza de algún día poder fabricar un instrumento para mi uso personal, y poder arreglar, componer, mejorar los instrumentos de mis amigos y conocidos.
Dicho esto, les muestro, no la primera víctima, pero la primera terminada, ya saldrán las demás…
Esta es una guitarra Epiphone Les Paul con brazo atornillado (a diferencia de la técnica tradicional en Les Paul de brazo pegado, esto se hace para reducir costos de fabricación), amablemente donada por Amando, a.k.a. Spock, a.k.a…. otras muchas cosas poco honorables.
Antes que nada, les presento un collage de los detalles de las condiciones del instrumento como llegó a mis manos y un listado de sus problemas:

-Golpes en varios lugares que iban desde abolladuras a la pintura hasta daños en la madera.
-Un afinador roto, aunque con cierta funcionalidad, mientras estuviera colocado, claro.
-Al nut le faltaban pedacitos, con lo cual el punto de despegue de las cuerdas variaba, algo así como un “Buzz Feiten system” a la mala y hecho por el azar de los golpes y accidentes.
Como el inicio de toda modificación, desarmé la guitarra, y siguiendo una costumbre que tengo, tomé una foto de la cavidad de los controles (cosa que recomiendo ampliamente para principiantes y personas que no pueden leer un diagrama electrónico aunque la vida les vaya en ello, yo entro en las dos categorías), para registrar el cableado y poder duplicarlo cuando termine la modificación.

Cabe aclarar que para este y todo instrumento que se me ocurra modificar, he hecho una investigación, buscando guitarras o bajos de características técnicas similares (brazo atornillado o pegado, pastillas sencillas o dobles, double cutaway o sencillo, cuerpo sólido o de caja, etc.), para encontrar lo que me gusta y lo que no, tanto como lo que me siento capaz de hacer y lo que no. Y después de revisar muchas Les Paul, encontré una que reunía muchas de las caractarísticas estéticas que andaba buscando y es esta Gibson Les Paul BFG que captura y materializa todo lo que yo quería hacer con esta guitarra…
A mi siempre me han gustado los instrumento que no ocultan su origen, que muestran su factura, que se muestran casi desnudos, honestos (como un maravilloso bajo de 6 cuerdas que tengo el honor de estar resguardando ¡¡Grande, Machy!!). Para eso, estoy convencido que no todos los instrumentos debe de tener maderas exóticas, o técnicas intrincadas de construcción; para mí, cada técnica de producción tiene sus ventajas y su dignidad.
Por esto, mi idea para esta guitarra es darle una apariencia mucho más rústica, básica, eliminando elementos superficiales y logrando (espero…) un sonido más “abierto” y “natural”; para esto, hay que quitar las innumerables capas de pintura y sellador que le ponen en la fábrica para darle ese acabado lustroso tan bonito, pero que también ayuda a esconder la madera, y opacar el sonido, así que con la ayuda de una pistola de calor, una espátula, y muuucho tiempo, empieza la parte más traumática de este proceso: el despintado.
Yo prefiero conservar la pintura de las cavidades del cuerpo, ya que sirven como aislante, protección y, en el caso de las cavidades de control (pots y selector), llevan una pintura especial aislante, que ayuda a evitar que el instrumento haga ruido, como el molesto y famosísimo ciclo de 60 hz que se genera con iluminación, neón y otros aparatos eléctricos; aunque si lo suyo, lo suyo es que su guitarra capte todas las estaciones de radio, saquen toda esa maldita pintura que se interpone en su objetivo…

Se que se ve brutal, pero la siguiente fase, que involucra cantidades considerables de lija de varios grosores, (esto lo dice TODO mundo en estos casos: hay que empezar con lija gruesa e ir pasando a lijas más finas para tener una textura suave y agradable y eliminar las marcas y rayaduras de instrumentos de tortura y lijas más gruesas), lo que nos deja con un cuerpo y un brazo en su color natural, con algunas marcas oscuras, esas son de cuando me pasé de lanza con la pistola de calor ¡HAY QUE TENER CUIDADO!! En este caso, no llegó más que a un oscurecimiento leve…


Esta guitarra está lista para recibir cualquier acabado que se nos antoje, y eso es precisamente lo que vamos a hacer…
Primero, se me ocurrió hacerle un efecto para que pareciera que el cuerpo tiene una tapa de madera oscura (ya se, ya se, ¿donde quedó la honestidad?, pero esto no influye en absoluto en el sonido y siempre hay que hacer un compromiso con la estética, y yo quiero una guitarra con actitud metalera, así como conservar parte del espíritu estético de la guitarra original, así que va a tener cantidades considerables de negro, ya verán…), así que se me ocurre que, para lograr esto, necesito hacer un ligero corte a lo largo de todo el canto del cuerpo, para cortar la veta de la madera y que, al entintar de negro esa parte, la tinta no corra sobre la veta y quede un borde irregular, de esto no hay fotos porque simplemente no se aprecia el corte, ya que es muy fino y superficial, pero eso me obliga a brincar al siguiente paso: el entintado.
Para esto, pongo masking tape a lo largo del corte que hice antes, teniendo mucho cuidado en que quede justo al borde de la línea, así como tambien en la cabeza del brazo, ya que la parte frontal de esta será también negra, ya todo bien enmascarillado, le doy varias pasadas con tinta negra a base de alcohol, ya que se evapora más rápido, humedeciendo menos la madera (evitando el peligro que la madera se hinche o deforme de alguna manera), y muestra su estado final en menos tiempo; le doy varias pasadas hasta que llego al tono que quiero o hasta que veo que nomás no hay más pa’ adelante, lo que suceda primero.

Como ven, el entintado no es perfecto, pero entre el corte y el masking tape, se logra que las manchas fuera del borde sean pocas, pequeñas y superficiales, así que con un poco de lija casi todas desaparecen, y las que no, son imperceptibles fuera de una inspección a detalle.
¡Uf! casi olvido un pequeño pero importantísimo detalle: Ya que retiré considerables capas de pintura del brazo, este quedó mucho más pequeño, así que, al ponerlo de nuevo en el cuerpo, el brazo queda muy, pero muy flojo en la cavidad, esto afecta sensiblemente el sustain y el tono del instrumento, al hacer la superficie de contacto entre las dos piezas punto menos que mínima, con lo que se pierden vibraciones a cubetadas, y esto siempre, SIEMPRE es indeseable, así que hay que hacer algo para corregirlo. Aquí entra un truco que aprendí hace muchos años de una revista sobre el mantenimiento de guitarras: hacer una pieza a medida con plastilina epóxica, ahí van los pasos:
- Se cubren las dos partes (brazo y cuerpo) para que la plastilina epóxica no haga que las dos piezas se peguen irremediablemente, cosa a evitar a toda costa, ya que rara vez queda a la primera (suele tomar dos o tres intentos), y elimina la posibilidad de que en el futuro, se pueda repintar el instrumento o se le pueda hacer cualquier otra cosa (recuerden este mantra que me enseñó un amigo: “Por eso no fui doctor, porque no hay undo“, siempre es bueno tener undo…). Se pueden cubrir con aluminio, papel film (con el que sus jefas les envolvían el chamgüis de la escuela) o lo que les convenga, el chiste es que evite que brazo y cuerpo se peguen.
- Se prepara una cantidad modesta de epóxica (al final tendremos una pieza muy delgada, así que no se necesita mucho), y se reparte lo más posible con los dedos en la cavidad del cuerpo donde entra el brazo.
- Se coloca el brazo en la cavidad, presionando para acercarlo a su lugar ideal (aquí agradecerán no haber usado la barra completa de epóxica), asegurándonos que quede lo más derecho, centrado y nivelado posible.
- Se atornilla el brazo al cuerpo, como si se fuera a armar de nuevo la guitarra, volvemos a cerciorarnos que quede bien centrado, nivelado y centrado, esto es CRUCIAL.
- Esperamos 24 horas para que la epóxica endurezca y se cure del todo.
- Desarmamos la guitarra y desmoldamos con mucho cuidado la pieza de epóxica, es tan delgada que seguro se va a casi desmoronar por las esquinas, esto es normal, el chiste es que quede lo más íntegro posible (la perfección es solo una ambición inalcanzable).
- Quitamos el exceso de plastilina con mucho cuidado, insisto. Esto se puede hacer con punzocortantes, con lija, como quieran, solo que con CUIDADO.
- Ya que nos aseguramos que la pieza quedó bien, cumple su función a la perfección, y no tiene rebabas y otros excesos, se aparta para terminar el resto del instrumento, en mi caso, ya que la guitarra será negra, no es conveniente que tenga una pieza verde pistache que arruine todo el efecto y la estética de la guitarra, así que saco mi marcador negro y le pinto el borde visible. ¡Listo! Prácticamente imperceptible.
Brincado este pequeño obstáculo, continuamos con el acabado.
Ya que estuve seguro de que la tinta estaba seca, decidí que el color de la madera original era demasiado claro y hacía demasiado contraste con la parte negra, así que tomé la decisión de aplicar un barniz con un tono ligeramente oscuro al cuerpo, para lograr un tono más agradable y proteger la madera de las “inclemencias del tiempo”.
Cabe recordar que el barniz, el aceite, o cualquier otro acabado es un “mal necesario”, ya que la madera desnuda está a merced de la temperatura y la humedad de su entorno, lo que puede causar efectos indeseables, como afinar la guitarra solo para descubrir, dos minutos después, que está totalmente desafinada por la sencilla razón de que la temperatura del ambiente cambió uno o dos grados.
Regresando al tema del barniz, en este punto es donde la cosa de complicó, explico:
El primer asunto a resolver era qué tipo de barniz usar, nitrocelulosa (laca natural) o poliuretano (laca sintética), cada uno tiene sus bondades y sus defectos, la nitrocelulosa, siendo natural, “interactúa” con las características sonoras de la madera, pero se necesita mucho más material para proteger el instrumento y es más fácil que se desgaste (es muy suave), de ahí que parte de la “magia” de muchos intrumentos antigüos sea sus zonas de color desgastado hasta la madera, del otro lado, el poliuretano es mucho más rígido y durable, y se necesita mucho menos capas para lograr un acabado que cubra y proteja la madera, pero su rigidez también impide que la madera vibre naturalmente, eliminando sonoridad y demasiados armónicos en algunos casos. Pero esta es mi simple y humilde opinión e interpretación de lo que he leído, para que cada uno tome su propia decisión, entren a las páginas de internet, revisen la literatura a su alcance; el chiste es informarse y saber cuál es el objetivo que se tiene para cada instrumento. Seguimos.
Mi decisión personal, al buscar algo más natural, es usar principalmente la nitrocelulosa (de ahora en adelante, simplemente “nitro”), y como decía, este es el punto donde empezaron los problemas. YO, siendo un laudero wannabe, un carpintero inexperto y aficionado, no cuento con todas las herramientas necesarias e ideales para hacer estas cosas, por eso, tengo que arreglármelas con lo que tenga y encuentre. Y lo que encontré fue nitro en bote y poli (abreviación de poliuretano) en aerosol, así que decido usar la nitro para el cuerpo, y el poli para el brazo, zona de constante roce y al cual pretendo darle un acabado parecido al que tienen los brazos Ibanez, que se siente casi como si fuera la madera desnuda, así que unas cuantas capas de poli y listo, aunque me estoy adelantando… De regreso con el cuerpo, en mi opinión no hay nada más feo que esos muebles de madera a los que se les ven los brochazos de barniz, indicación inequívoca (ahora entiendo) de un aficionado o un pésimo carpintero, así que abro mi lata de nitro, hago unas muñecas de estopa, y me dispongo a dejar el cuerpo del tono que quiero.
Cabe aclarar que mi objetivo es que el cuerpo quede con algo de la veta perceptible, o sea, terminar con una capa de nitro muy delgada, nunca un acabado sólido y brillante… Y en mi primer intento digamos que tuve “demasiado” éxito.
Ahora ven la foto y piensan en un experimento genético de resultados profundamente fallidos, y no están lejos de la verdad… La historia es que, en mi afán de usar estopa y la menor cantidad de capas, apliqué la nitro demasiado gruesa y en tiempos equivocados, lo que resultó en zonas con demasiada nitro, goteos, zonas chiclosas, etc. En resumen, un desastre, lo que me recordó todo lo que había leído al respecto y que ahora yo hago hincapíe en subrayar: PACIENCIA, hay que aplicar el material en capas delgadas, ligeras, para poder controlar el progreso y obtener una cubierta uniforme, debido a todo esto, me vi en la penosa necesidad de esperar unos días y lijar mi primer intento de aplicar la nitro:

Y sí, eso que ven atrás de la guitarra, son calzones en proceso de secado, no todos tenemos un taller acondicionado para estas cosas, así que yo me las arreglo en la zona de lavado del departamento, teniendo el cuidado de quitar toda la ropa antes de usar químicos, y de no apuntar hacia la lavadora o cualquier otra cosa que no agradezca una saludable capa de nitro o poli…
Total, que después de un primer intento desastroso, respiré porfundamente, esperé unos días, y lo volví a intentar, con lo que pude lograr resultados mucho más cercanos a los que había imaginado, aunque al final, tuve que darle una capa ligera (más como 3 capas delgadas) de poli para lograr mayor uniformidad y protección.
Vamos con el brazo, donde llegó el segundo tropiezo del proceso…
Después de lijar perfectamente todo el brazo, y para lograr una textura suave y uniforme, decidí usar poli para el brazo, usando capas muy delgadas que protegan pero no cambien considerablemente las dimensiones y la textura del brazo. Sin contar que, después del desastre del cuerpo, estaba necesitado de un método de aplicación mucho más eficiente y fácil… Para esto, saqué de nuevo a mi buen amigo el masking tape de la caja y cubrí todo el diapasón, que pienso conservar en su estado original (sin contar la limpieza que le hice, como todos los instrumentos de este tipo, almacena mugre alrededor de los trastes por el uso natural), y le tiro un par de capas de poli; hasta ahora todo es un sueño maravilloso donde el poli en aerosol me limpiará de todos mis pecados, pero esta sensación dura poco.
En un arranque de locura y megalomanía, decido que no engaño a nadie al borrar el logo de Epiphone de la cabeza del brazo (no pretendo decir que “yo la hice solito”, me siento más orgulloso en este momento al tomar un instrumento sin gracia ni gloria y convertirlo en un instrumento único, personal), aparte de que la placa para los tornillos que sostiene el brazo indica claramente el origen de la guitarra:

Así que ¿por qué no ir a por todas las canicas y ponerle MI LOGO en la cabeza del brazo? Como un detalle más de personalización; y el segundo desastre comienza…
Ya que el logo que he diseñado no es sencillo, no son letras cursivas o algo parecido, y porque no quiero entrar en la onda de imprimir en acetato y pegar el recorte con pegamento en aerosol (técnica que le funciona perfectamente a MUCHA gente alrededor del mundo, pero no, ahí va uno de necio…) , tomo la decisión de usar una técnica más cercana a la pintura automotriz y acudo a mi fiel compañero en armas: el masking tape, con el cual enmascarillo la cabeza del brazo, hago el diseño a mano alzada y lo recorto con una navaja ¡un esténcil perfecto! o eso es lo que creo…
Levanto los recortes y veo madera abajo delineando el diseño, creo en mis adentros que lo mejor es tomar una lata de pintura en aerosol plateada (después de los bueno resultados que me ha dado el poli, creo fervientemente que el aerosol es la panacea… error), y le doy unas pasadas, lo dejo secar unos minutos, y me pongo a quitar la cinta, así comienza el terror…

Resulta que en mi intento por poner la cinta perfectamente paralela pero sin encimarse, OBVIAMENTE he dejado huecos, por los cuales la pintura se ha colado y termino con hermosas rayas plateadas diagonales por todos lados. Y sí, ese de abajo es mi pié…
El intento por arreglar el desmadre que he hecho, solo acaba en la decisión de lijar todo y volver a empezar, con lo cual se me ocurre OTRA grandiosa idea que probará ser más complicada que la anterior (¿cuando es de otra manera?): ¡¡¡HOJA DE PLATA!!!
Esta vez estoy resuelto a que funcione, así que pregunto con toda persona que conozco, los procesos y complicaciones de la técnica, o sea, hablo con mi hermana que trabajó en un taller de restauración y odió cada minuto que pasó manipulando hoja de oro. Me asegura que no es complicado, y que es más odioso que otra cosa, ya que la hoja es tan delgada que se pega a todos lados, flota con el mínimo airecillo y que si se arrugla ya bailó las calmadas, ¡SENCILLO!
Para esto, si siguen interesados (en verdad es bonito y le da un “algo”, un “no se qué”, un detalle de distinción entre el zapato y el pantalón al intrumento terminado), la hoja de plata (y la de oro, y todas las demás) se compran en las tiendas de materiales de arte, donde también venden el pegamento especial, pinceles para la aplicación, y te pueden dar alguno que otro consejo.
En resumen (y para ahorrarme la humillación de contar los detalles), tuve que intentarlo dos veces para que quedara, todos los defectos que pueda tener (y que, bendito, no se aprecian en la foto) son culpa del trabajador, no del material…

Como se puede ver en la foto, para este momento ya habia llegado el juego de afinadores que ordené por internet, como siempre, es muy importante checar y rechecar las dimensiones, posición de los tornillos, y todo lo demás necesario para tener la seguridad de que estamos comprando lo que, por un lado nos acerca a lo que queremos estéticamente, y por otro cumple con las características técnicas necesarias con la menor cantidad de modificaciones, así como ajustarse al presupuesto que pensamos gastar. Dicho esto, la única verdadera restricción en este caso era que necesitaba un juego de afinadores 3x3, y no 6 en línea, todo lo demás es una elección personal. Yo elegí un juego Gotoh, con estilo Keystone de precio medio: un gran compromiso entre la estética que quiero lograr (un poco más hacia la Les Paul clásica), la sustitución de la llave rota (como se aprecia en el primer collage de este blog), y cambiar el juego de afinadores completo por uno de mayor calidad; todo esto, sin modificar nada en la cabeza del brazo, sin hacer hoyos nuevos, ni nada.

Y casi para terminar, he dejado algo que, en realidad, hice casi al principio, pero que en verdad no tienen mayor trascendencia que la estética, que son las tapas de las cavidades traseras, los anillos de las pastillas y los botones de control. En el caso de los anillos y las tapas, las pinté de plateado (para esto compré la lata originalmente, para después caer en una mania por pintar todo con la maldita pintura…), en algún momento del proceso, para acercarme más a la estética de la BFG (una estética que desde siempre me ha gustado mucho), decido no poner los anillos de las pastillas, así que tuve que poner resanador en los hoyos de los tornillos, todo esto entre el entintado y la nitro. Esto generó otro problema, ¿de donde sostener las pastillas? En este tipo de instrumentos las cavidades y contornos de la guitarra se hace con máquinas, por esto, prefieren pecar de exagerados, y las cavidades de las pastillas son demasiado profundas; mi solución, aunque debo reconocer que no es la óptima, es llenar algunos huecos con epóxica, para tener de donde agarrar las pastillas dentro del cuerpo y que queden más cerca de las cuerdas; en el caso de la pastilla del brazo, resultó ser lo mejor, en el caso de la pastilla del puente, sigue estando muy abajo, así que sigo pensando en una solución (que no involucre poner MÁS epóxica), y una alternativa que se me ocurre es cambiar las patillas por unas P-90 (todavía no decido entre negras o beige, que parece extraño, pero ya lo he viste, y créanme, se ve bien chido), con lo cual mejoraré la calidad de las pastillas, le daré un sonido más cercano a la BFG, menos oscuro (como lo es el sonido de las Les Paul, para mi gusto), y para lo cual voy a necesitar modificar las cavidades, con lo cual podré controlar la altura final de las pastillas, haciendo que tengan contacto directo con la madera, lo que siempre es bueno para mejorar el sonido de un instrumento, ya les contaré cuando lo haga, como me fue.
En el caso de los botones, de diseño speed knob o “hatbox” como en muchos instrumentos Gibson, que originalmente eran dorados, todo inició con el deseo de volverlos plateados, sin embargo, en el proceso de lijado me di cuenta de dos cosas, que como los dejé se veían bien chidos y únicos, y que lijar lo que faltaba del dorado iba a requerir tiempo y esfuerzo a cubetadas y que no valía la pena por un detalle tan pequeño, en todo caso, era más rentable conseguir (en tiendas o internet) los botones ya pintados en plateado, cosa en la que no tenía intención de gastar, así que, aquí está la foto de como quedaron:

y las tapas y los anillos:
Estoy llegando al final de este blog y me doy cuenta que no tengo fotos de la guitarra terminada ¡GULP!
Así que por el momento, hasta aquí llega, prometo subir imágenes de la guitarra terminada lo antes posible.
¡¡¡ESPERA LA CONTINUACIÓN!!!!
Ahora que me obligo a sacar la guitarra para tomar las fotos del instrumento terminado, caigo en cuenta de varios detalles que olvidé mencionar, como el hecho de que tuve que cambiar el nut original dañado, por uno nuevo, para esto no hay mucho que contar más que lo pedí en internet, ya cortado al estilo Gibson, y que lo único que tuve que hacer (porque es ligeramente más grande y el espacio entre cuerdas es mayor que el original), fue ligar los costados y la base para llegar a la altura deseada (decidí usar el nut anterior como referencia de altura) y que no sobresaliera de los lados del brazo, cosa que se logra lijando y poniendo en su lugar, lijando y poniendo, hasta que queda como queremos y no queda más que pegarlo, siempre con el cuidado de que quede centrado. Aquí está el detalle (chato…):

Terminado esto, aviso que sigo sin decidirme (y/o sin tener lana para comprarlas) por poner las P-90, cada vez es más inminente, pero se queda en suspenso, mientras, les dejo varias imágenes de la guitarra terminada.
Como se puede ver, la pieza de epóxica en el brazo es imposible de detectar en las fotos.
Por otro lado, todos los electrónicos y el puente siguen siendo los mismo, sigo pensando en la posibilidad de mejorarlos, cambiarlos por unos mejores, pero ya se verá en el futuro, todo sea por el afán de aprender…
